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Trabajo sexual

Teresa · Trabajadora sexual, 49 años

Entrevistadora

Lo primero, preguntarte cuántos años tenés. ¿Cómo te percibís? O sea, por ejemplo, como mujer cis, como mujer marrona, como, no sé… ¿Cómo te percibís vos? ¿Cómo te presentás?

Teresa

Yo soy Teresa. Tengo 49 años y soy trabajadora sexual. Tengo tres hijos mayores: uno de 33 años, uno de 27 y el otro de 18 años.

Entrevistadora

¿Vos sos el sostén familiar?

Teresa

Sí, yo soy el sostén de mi hogar.

Entrevistadora

¿Qué tipo de trabajo sexual realizás? Por ejemplo: presencial, virtual, mixto.

Teresa

Presencial.

Entrevistadora

¿Te organizás con otras para realizarlo? ¿Lo hacés mixto? Por ahí algunas se publicitan por páginas o solo están en la calle. ¿Cómo lo…? A grandes rasgos, ¿no?

Teresa

No, por ejemplo, yo no considero departamentos privados. Mis publicidades van en base a publicaciones de internet, y comparto espacio con otras compañeras que serían mujeres y que también están en las mismas circunstancias, que son jefas de hogar, que ejercemos el trabajo sexual en un departamento privado.

Entrevistadora

¿Cuáles son los obstáculos que vos sentís que atravesás por realizar el trabajo sexual?

Teresa

Sí, las mujeres trabajadoras sexuales sufrimos mucho de lo que es el estigma, la discriminación, los atropellos institucionales, que es cotidiano en nuestra vida; como que ya lo tenemos incorporado, la violencia institucional. Causas, destrozos, que nos llevan todas nuestras pertenencias, nuestro dinero. Eso es frecuente en nuestra vida. Por ejemplo, hoy en día, [con] todo esto, nos sentimos como solas, desamparadas por parte del Estado, porque piensa que el trabajo sexual no se diferencia de lo que es la trata de personas. Entonces piensa que nosotras, como mujeres mayores, [que por] decisión propia ejercemos el trabajo sexual… no respeta nuestra decisión.

Entrevistadora

¿Podés acceder libremente a derechos como la salud, la educación, la vivienda?

Teresa

Salud sí accedo, pero lo primero que pasa cuando vas al médico y decís que sos trabajadora sexual es mandarte a hacerte un análisis a ver si no estás infectada de alguna enfermedad. Me ha pasado a mí: me fui por otra consulta y me pregunta la doctora de qué trabajo, le digo que soy trabajadora sexual y me preguntó si me estoy haciendo los chequeos. “Sí”, le digo yo. “Bueno, pero yo te voy a volver a pedir otros por las dudas”, me dice. Y le digo: “Pero hace poco me hice, yo me los hago una vez al año, porque tengo una salita cerca de mi casa y el hospital también relativamente cerca”. Y me dice: “No, pero igual yo te voy a volver a pedir”. Y la quedé mirando como diciendo: “¿¡Por qué!? ¡Si yo te estoy diciendo que ya me hice!”. Pero como para no entrar más en discusión ni en problema, le dije “bueno”. Obvio, no me lo hice.

Acceso a la vivienda, ya no. No tenemos vivienda, y para alquilar nos cuesta mucho conseguir alquiler porque no tenemos nada, más que decir que manejamos una X cantidad de dinero que más o menos supera el sueldo básico, vital y móvil, pero igual nadie te quiere alquilar.

Entrevistadora

Entonces, en salud es como con urgencia sobre las ITS… ¿Cómo dirías que es tu experiencia en contacto con el Estado?

Teresa

La asistencia del Estado para con nosotras, poco y nada: un bolso de alimentos… muy poco para nosotras. Tenemos que pelear mucho, hacer mucha fuerza para acceder a lo mínimo, que es para todos y todas. Pero acá, específicamente, el Ministerio de la Mujer es abolicionista directamente, no nos atienden, debemos acceder por otros medios. No podemos decir nuestra posición porque no nos asiste directamente.

Entrevistadora

En base a eso, ¿les niegan derechos a ustedes, entonces?

Teresa

A nosotras nos corren de todos lados y ellas festejan.

Y cuando hacen allanamientos es otro tema también: vienen, te preguntan miles de veces lo mismo, le decís: “Trabajo sola, acá está, mirá, mantengo mi casa, ¿qué más querés saber?”.

Entrevistadora

Entonces, no hay distinción entre trata y trabajo sexual, pero tampoco tienen acceso a cuestiones relacionadas a la vivienda, [a] un trato en donde no se [las] revictimice… Es decir, ¿no las posiciona como víctima?

Teresa

Nos tratan como víctima, como malas víctimas, diría yo. Y a las que están asociadas a AMMAR se les pone el cartel de proxeneta, regenteadoras, cuando no son más que maneras de demonizar. Son nuestras amigas, nuestras compañeras de la calle, las vemos laburar a la par nuestra.

Ellos no entienden que es un trabajo para nosotras. Para mí es parte de mi rutina: voy, laburo, vuelvo a casa, cocino, arreglo la casa. Para mí es parte de mi vida.

Arman causas a compañeras, son tachadas como regenteadoras y luego esas causas caen. Las imputan y eso cae, no tiene sostenibilidad, pero el daño ya está, ya hicieron daño, porque la gente que nos alquila para atender en el departamento no quiere saber nada con alquilarnos. ¿Sabés qué hacen también? Amedrentan a los dueños, los amenazan con que los van a imputar por facilitación a la prostitución, porque él nos está alquilando el departamento. Hasta ese atropello sufrimos. Nadie nos quiere alquilar, y eso nos tira a la calle, no nos queda más, porque no tenemos adónde ir, pero necesitamos la plata y trabajo no nos dan… Entonces, ¿en qué quedamos?

Entrevistadora

Además de la regulación del trabajo sexual, ¿cómo creés que debería intervenir el Estado?

Teresa

Nosotras queremos aportar al Estado como cualquier trabajador, acceder a un plan de vivienda, que no se puede porque no tenemos nada, pero tener la posibilidad de pagar una cuota. Queremos sentarnos a hablar de estas cosas, no con la trabajadora social, la psicóloga, la doctora que nos repregunten mil veces lo mismo. Queremos ser sujetas y que nos pregunten: ¿cuáles son nuestras necesidades básicas irresueltas? El proyecto de ley es importantísimo para esto, pero las instituciones cada día nos avasallan más. Nos pasa en todo el país esto mismo, no es algo de aquí, es una idea que está en todo el país.

Nos preguntan: “¿Te parece digno este trabajo? ¿Qué va a decir tu familia?”. ¿Podés creer eso?

Así nos trata la gente de rescate de trata de personas, que no respeta nuestras decisiones. Es sistemática esa pregunta. Te ofrecen cursos de manicura, corte y confección, y las chicas dicen: “Sí, el curso lo hago”, pero eso no quiere decir que deje de trabajar; lo hago para aprender.